Estrés y ansiedad: dos caras de la misma moneda que debes saber diferenciar y controlar

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El estrés y la ansiedad son dos fenómenos psicológicos que afectan a muchas personas en el mundo.  En numerosas ocasiones ambos términos se confunden o se usan como sinónimos, pero lo cierto es que no lo son.

Acompáñame y te explicaré sus principales diferencias, así como algunas formas de controlarlos de manera saludable.

Debemos comenzar precisando, por qué decimos que son dos caras de la misma moneda; pues esta afirmación tiene que ver con que ambas implican una activación del sistema nervioso simpático y la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina que te preparan para hacer frente o evitar situaciones que puedes percibir como exigentes, retadoras, amenazantes o desafiantes. Sin embargo, el estrés y la ansiedad no son lo mismo, ya que tienen diferentes causas, tipologías y consecuencias.

Comencemos con la primera diferencia, en el caso del estrés se produce ante situaciones que evalúas como demandantes, mientras que la ansiedad se produce ante situaciones que evalúas como amenazantes.

Es decir, que el estrés requiere de un esfuerzo o un cambio por tu parte. Mientras que la ansiedad es una emoción que se caracteriza por un estado de inquietud, nerviosismo, temor o preocupación ante una situación real o imaginaria que consideras amenazante o peligrosa. El estrés surge a partir de factores externos, mientras que la ansiedad aparece por factores internos.

Otra diferencia consiste en que el estrés puede ser positivo o negativo, mientras que la ansiedad siempre es negativa.

Dependiendo de cómo evalúas la situación y de tu capacidad para afrontarla se clasifica de una u otra forma. El estrés positivo, también llamado eustrés, se produce cuando la situación te motiva, te estimula o te genera satisfacción. Podemos ver varios ejemplos: cuando tienes que hacer una presentación importante en tu trabajo o en el postgrado, cuando te vas de viaje, también suele aparecer cuando sales por primera vez con un chico o chica e inclusive cuando te enamoras. En relación al estrés negativo, también llamado distrés, este se produce cuando la situación te supera, te agobia o te genera malestar. Por ejemplo, cuando tienes un conflicto laboral, cuando sufres una pérdida o cuando tienes problemas económicos.  Por otro lado, la ansiedad siempre es negativa, no existe ansiedad positiva, ya que te genera malestar y te impide disfrutar de la vida.

Otra diferencia marcada está relacionada con que el estrés puede ser agudo o crónico, mientras que la ansiedad puede ser adaptativa o desadaptativa.

El estrés puede ser agudo o crónico, dependiendo de la duración e intensidad de la situación. El estrés agudo es el que se produce ante situaciones puntuales y breves, que suelen tener un final definido. Por ejemplo, cuando te asustas, cuando peleas con alguien o cuando te enfrentas a un reto. El estrés crónico es el que se produce ante situaciones prolongadas o repetitivas, que no tienen una solución clara o que escapan de tu control. Por ejemplo, cuando vives en un ambiente hostil, cuando padeces de una enfermedad o cuando tienes una deuda. El estrés crónico es el más perjudicial para tu salud, ya que puede provocar alteraciones en el sistema inmunológico, cardiovascular, digestivo y endocrino, así como, problemas psicológicos como ansiedad, depresión, irritabilidad o insomnio.

En el caso de la ansiedad como te dije anteriormente puede ser adaptativa o desadaptativa, dependiendo de la intensidad, la frecuencia y la duración de la emoción. La ansiedad adaptativa es la que se produce ante situaciones que realmente implican un riesgo o un desafío, y que te ayuda a estar alerta y a reaccionar de forma adecuada. Por ejemplo, cuando ves un animal salvaje, cuando te enfrentas a un examen o cuando tienes que hablar en público. La ansiedad desadaptativa es la que se produce ante situaciones que no suponen un peligro real o que lo suponen de forma desproporcionada, y que te impide funcionar de forma normal. Por ejemplo, cuando tienes un miedo irracional a las alturas o a la muerte, cuando te preocupas excesivamente por el futuro o cuando evitas el contacto social.

Es importante que conozcas estas dos diferencias muy marcadas: El estrés suele desaparecer cuando la situación se resuelve o se aleja, mientras que la ansiedad puede persistir o anticiparse a situaciones futuras o imaginarias. Por otro lado, el estrés puede provocar ansiedad como uno de sus síntomas, pero la ansiedad no siempre implica estrés.

La ansiedad por sí sola no es patológica, si lo es cuando deriva en trastornos de ansiedad cuando los síntomas son muy intensos, frecuentes o duraderos, y cuando interfieren de forma significativa en la vida cotidiana de las personas. Algunos de los trastornos de ansiedad más comunes son el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo, las fobias o la ansiedad social.

A continuación, te daré algunas de las estrategias que puedes utilizar para controlar el estrés y la ansiedad:

7 consejos para controlar el estrés y la ansiedad naturalmente

  1. Lo primero es identificar las causas, y evaluar si son reales, proporcionales o controlables.
  2. Busca soluciones prácticas y realistas a los problemas que te generen estrés o ansiedad, y aplícalas de forma gradual y planificada.
  3. Aumenta tu autoestima y autoeficacia, reconociendo en todo momento tus logros, capacidades y recursos personales.
  4. Practica técnicas de relajación física y mental, como la respiración profunda, la meditación y el yoga.
  5. Cuida tu alimentación, evitando el consumo excesivo de cafeína, alcohol, tabaco u otras sustancias que pueden alterar tu sistema nervioso.
  6. Haz ejercicio físico de forma regular, ya que estos te ayudan a liberar endorfinas, mejorar tu estado de ánimo y reducir tu tensión muscular.
  7. Debes dormir lo suficiente y mantener hábitos de sueño saludables, ya que el sueño es fundamental para tu recuperación y el equilibrio de tu organismo.

Estas estrategias te pueden ayudar a reducir los niveles de estrés y ansiedad, y a mejorar tu calidad de vida. Sin embargo, no hay una fórmula mágica que funcione para todos, por lo que es importante que encuentres la que mejor se adapte a tus necesidades, contextos y situaciones.

Conclusiones

Tanto el estrés como la ansiedad pueden tener consecuencias negativas para tu salud física y mental. Si las mismas se mantienen en el tiempo o son muy intensas e interfieren en tu vida cotidiana, causando malestar, incomodidad o sufrimiento, o te impiden alcanzar tus objetivos y proyectos de vida, es recomendable que consultes un psicólogo o psiquiatra. Estos profesionales pueden evaluar tu situación, ofrecerte un diagnóstico y tratamiento adecuado, ya sea con psicoterapia, medicación o una combinación de ambas. No debes tener miedo ni vergüenza de pedir ayuda, pues es un signo de valentía y responsabilidad de tu parte.

Dicen que el estrés es un exceso de presente, mientras que la ansiedad es un exceso de futuro. Piensa en cómo te sentirás cuando logres controlar estas emociones, y en cómo mejorarán tu salud, tu bienestar y tu calidad de vida. Esto te dará más motivos para seguir adelante.

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